jueves, 6 de septiembre de 2012

Como el niño que salta en tu cama

Sale Antonio Orozco al escenario con la sonrisa recogida, con esa voz terrosa como de haberse comido a mordiscos Las Moreras, con los ojos cerrados y un poco encogido, como si pidiera perdón por empezar quince minutos tarde. Sale Antonio Orozco al escenario con la timidez de las primeras citas, el cuerpo plegado, el uniforme de luto y la mano izquierda grapada al microfóno, como si fuera el hierbajo al que el Coyote se aferra antes de caer al precipicio. Sale Antonio Orozco al escenario como llegan a casa los niños bien educados de tus amigos, con la raya del pelo inmaculada, los calcetines hasta las rodillas y el por favor por delante, con temor a aceptar un caramelo pero la mirada envidiosa en el plato de los pistachos. Así sale Antonio Orozco al escenario.
Hasta que coge confianza. Y entonces se descalza, se baja los calcetines, se tira a la alfombra con la seguridad que da estar entre amigos. E incluso, en un acto de valentía, se sube a la cama y comienza a saltar sobre el somier. Valladolid le prestó este miércoles su dormitorio a Antonio Orozco y saltó con él en el colchón durante más de hora y media. Hubo fiesta en la Plaza Mayor. El primer casi lleno de las fiestas. El primer 'tío bueno' regalado desde el público. Las primeras coreografías (¡esas manos!), los primeros regalos lanzados al cantante (un pañuelo, un collar), la primera vez en la que el artista deja en el aire un par de estrofas porque debajo del trapecio hay red, miles de gargantas dispuestas a llenarle los huecos.Ver más

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